Lo que queda viviendo dentro de nosotros

Estoy viendo Mi Otra Yo en Netflix y siento que hay historias que no simplemente se miran… se sienten.
Es una serie profunda, de esas que incomodan y abrazan al mismo tiempo. Habla de constelaciones familiares, de psicología, de heridas que heredamos, de silencios que cargamos y de partes de nosotros que todavía buscan ser comprendidas.
Yo soy de esas personas que sienten demasiado. Soy esponja, soy emoción, soy memoria. Y quizás por eso algunas escenas no pasan delante de mis ojos… pasan por mi corazón.
Mientras veo la historia, inevitablemente vuelvo a la mía. Pienso en las decisiones que tomé, en las que podría haber tomado diferente, en los caminos que recorrí y en aquellos lugares a los que nunca llegué, aunque alguna parte de mí todavía los imagine.
Hoy hubo una escena que me atravesó de una manera difícil de explicar. Porque es impresionante cómo los traumas permanecen en nosotros. No siempre aparecen como recuerdos claros; a veces viven escondidos en una sensación, en un sonido, en una pausa.
Solo quien alguna vez escuchó la respiración de alguien que ama cambiar, apagarse, luchar por mantenerse… sabe lo que significa ese miedo. Esa impotencia. Ese instante en el que el mundo parece detenerse y todo lo que existe es el deseo de que esa persona vuelva a estar bien.
Hay dolores que no se van completamente. Aprendemos a caminar con ellos, a transformarlos, a mirarlos con más amor. Pero algunas historias siempre dejan una marca… porque algunas personas que amamos también dejan una parte de ellas viviendo dentro de nosotros.
Comentários
Postar um comentário