Más que una ventana.



Son las tres de la mañana.
Me detengo frente a la ventana de mi living.

La ciudad parece dormida, un poco somnolienta, un poco despierta.
¿Quién estará durmiendo? ¿Quién seguirá despierto?

El cielo está oscuro.
Algunas luces todavía resisten.
Más luces calidas que frías.
Vivo en la parte céntrica de la ciudad, en esa zona linda y antigua que llevo en el pecho como un amor: histórica, viva, silenciosa.

Y entonces me descubro imaginando:
Del otro lado, ¿quién más se detiene frente a una ventana?
¿Estarán felices? ¿Tristes?
¿Guardando secretos, atravesando dolores, sosteniendo angustias?
¿Esperando noticias?
¿Perdidos en dudas?

Para algunos, no es más que una ventana.
Para mí, es una rendija transparente hacia el misterio de la vida.

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